ESTRECHO DE CORINTO
Cuenta la mitología griega que la
ciudad de Corinto fue fundada con el nombre de Éfira
por Sísifo, quien fue su primer rey, y con sus sucesores
(inicialmente sus hijos Glauco y Ornition) se hizo una ciudad
especialmente próspera y poderosa. Ornition continuó
la dinastía hasta su derrocamiento por los dorios.
Pero el esplendor de la gran Corintio nunca terminó
de sucumbir y ha dejado tras su paso por el tiempo innumerables
testimonios de arte y cultura en general.
La ciudad está ubicada en el istmo
de Corinto, de unos 6 kilómetros de ancho, que une
el Peloponeso con la Grecia continental, a unos 78 kilómetros
al oeste de Atenas y sobre las faldas del monte Acrocorinto.
Según la mitología griega el istmo fue disputado
por Helios y Poseidón. Egeón, una divinidad
marina del mar Egeo, fue llamado para arbitrar el conflicto
y dio la razón a Poseidón.
Desde 1881 hasta 1893 se realizaron las obras
de construcción del famoso Canal de Corinto, justamente
encima del istmo. El canal es un angosto desfiladero cuya
función es comunicar el norte del Mediterráneo
y el Mar Egeo. La idea original había sido de los romanos,
quienes a través del canal pensaban con razón
que se ahorraría kilómetros de navegación
para sus estrategias. Pero entre acuerdos y desacuerdos, inadecuadas
tecnologías y escases de elementos, la obra no pudo
realizarse hasta finales del siglo XIX.
El canal sólo evita el rodeo de 400
kilómetros alrededor de la (antigua) Península
del Peloponeso a los barcos pequeños, ya que sólo
tiene 21 metros de ancho y 8 de profundidad. A pesar de estas
limitaciones, cerca de 11000 barcos cruzan el canal cada año,
en su mayoría pertenecientes a rutas turísticas.
Aunque el proyecto no se concretó
hasta el siglo XIX, la idea venía concibiéndose
desde al menos el siglo VII antes de Cristo, cuando el tirano
Periandro pensó en ejecutar una obra similar pero se
vio obligado a cancelarla debido a las dificultades técnicas
de la época, construyendo en su lugar una rampa de
piedra sobre el istmo de Corinto a la que se conoce como Diolkos,
y cuyos restos pueden verse todavía hoy discurriendo
de forma paralela al canal. En el año 67, el emperador
romano Nerón ordenó que el canal se excavara
nuevamente, encomendando el trabajo a 6000 esclavos. Nerón
murió un año después y su sucesor, Galba,
canceló el proyecto por considerarlo demasiado costoso.
Es digno de ver lo estrecho y largo que es
canal y las vistas de su alrededor, donde todavía pueden
verse edificaciones y enclaves donde los esclavos pasaban
horas intentando construir el canal que luego no pudo ver
la luz hasta muy cerca de nuestra era.
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